La guerra espiritual

Guerra espiritual

La siguiente descripción de la Guerra Espiritual carece totalmente de intenciones sectarias o religiosas, está basada en la experiencia obtenida desde que descubrimos la Espiritualidad Real® y lo que ya se conocía al respecto. La humanidad desde siempre viene librando un combate espiritual que decidirá el destino de nuestras almas. Pero muy pocos humanos lo comprendemos. Una de las tácticas de nuestros enemigos espirituales es mantenernos dispersos, distraídos con exigentes deseos para debilitarnos.

Particularmente, nuestros enemigos espirituales quieren destruir nuestra vida física, mental y espiritual; entendiendo vida espiritual como la vida con Dios y para Dios. Fuimos hechos para la vida, para vivir plenamente la vida que Dios ha decidido para nosotros. Nuestros enemigos intentarán que desconozcamos esto último por todos los medios. Nuestros enemigos espirituales son: el mundo, la carne y los demonios.

El primer aspecto del combate espiritual es que es una lucha personal entre nuestros enemigos espirituales y cada uno de nosotros. Nuestros enemigos espirituales sólo pueden actuar en contra a través de influenciarnos con ideas y pensamientos a partir de nuestras debilidades, no tienen ningún poder directo, no pueden destruir nada de nosotros si no somos sus cómplices de alguna manera. Por eso van a querer tentarnos, seducirnos, van a querer confundirnos y engañarnos.

El mundo.

Uno de estos enemigos es el mundo. Ellos manipulan detrás del mundo. Al mundo debemos comprenderlo como un ambiente espiritual que también tiene la posibilidad de influenciarnos negativamente.

El mundo es una especie de poder oscuro y ciego que rechaza acoger el Amor de Dios y no quiere reconocerlo. El mundo es una intencionalidad que se cierra a la vida de Dios Verdadero y Amoroso que vive en nosotros y nos ama infinitamente. El mundo está a nuestro alrededor; vivimos en él y hemos sido llamados a mantenernos en el mundo, pero sin ser del mundo; llamados a no ser prisioneros de las ideas de ésta cultura global dominante. El mundo se mantiene prevenido de los legítimos Guerreros de Dios porque damos testimonio de la Luz y de la Verdad y esto hace dudar a aquellos que se han entregado plenamente al mundo.

La carne.

Otro de nuestros enemigos espirituales es la carne. El concepto de carne se pude entender de formas muy variadas, pero para el combate espiritual sólo hay una explicación que interesa: la carne es una parte de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros comportamientos; es una parte de nuestro ser interior; es una parte que está en contra del espíritu. Nuestra espiritualidad es el poder que nos permite dirigir nuestra voluntad en torno a intenciones correctas, así que cuando abandonamos decididamente nuestro egoísmo, realmente nos preocupamos por los demás. Nuestro espíritu es quien hace de nosotros verdaderos servidores en todas las áreas de la vida.

La carne está en contra del espíritu y, en muchos momentos, en nuestros comportamientos, opiniones, decisiones, la carne se va a oponer a que nos entreguemos a los demás. Por la carne va a venir la tentación y la debilidad. Es normal tener tentaciones. No debemos creer que podemos tener una vida sin tentaciones; aquél que se cree un buen Guerrero de Dios porque cree que no tiene tentaciones, está equivocado, es un soberbio espiritual.

Hay cuatro grandes áreas de nuestra vida donde la carne puede hacernos ceder a su influencia. Y, puesto que el combate espiritual personal es algo que nos acompañará hasta el final de nuestros días, debemos aprender a examinarnos a la Luz de Dios en cada etapa de nuestra vida.

La primer área tiene relación con el propio deseo. Por ejemplo, en esta época uno de los mayores deseos se centra en obtener dinero. Tiene que ver con la manera de desear las cosas que puede llevarnos a una tendencia posesiva de tener, de poseer, de acaparar. Nos lleva a vivir egoístamente. Esta desviación provoca que lo primero sea nuestro deseo o nuestro placer o nuestro propio yo, antes que el deseo del otro o la necesidad del otro.

La segunda área es la desviación de algo muy hermoso y humano. Es la necesidad de crear, de utilizar nuestro tiempo, nuestra inteligencia, nuestras cualidades para mejorar a la humanidad, para servir a los otros, para extender los valores del Reino de Dios. Esta desviación se da cuando pretendemos controlarlo todo, dominarlo todo para ser los mejores, y no para ayudar a los otros. Esto trae como consecuencia un deseo irracional de poder y el querer imponer siempre nuestras razones.

La tercer área parte del deseo normal de ser querido, respetado, reconocido. Este deseo puede llevarnos a una desviación que da lugar a querer ser admirados, a buscar tener buena fama, a desear ser bien vistos por todos; incluso a ser idolatrados. Esto es lo que reconocemos como prestigio. Buscar prestigio puede convertirse en la intención oculta de muchas de nuestras acciones. En vez de ser movidos por el amor, somos motivados por el deseo de ser admirados.

La cuarta área está definida por la necesidad natural de reproducción, cuya desviación nos provocará un insano deseo de obtener deleites egoístas, al satisfacer únicamente nuestra sexualidad, llevándonos a imponer nuestra necesidad de placer, a nuestra real naturaleza de conservar la especie.

Dinero, poder, prestigio y sexo, áreas donde somos tentados por la carne.

Prepararnos para nuestro combate espiritual personal, implica revisar periódicamente estas áreas y reconocer en cual podemos estar debilitados, para fortalecerlas y no permitir que el enemigo pueda aprovecharse y tentarnos para sucumbir.

Los demonios.

En este blog de ansiedadzero, publicamos siempre información que hemos recibido directamente de Dios, es por esta razón que los conceptos que utilizamos no coinciden o son poco similares a aquellos que se manejan generalmente o por las distintas religiones.

Como todo en este Universo, los demonios también han sido creados por Dios, no son absolutamente malos como siempre se ha creído. Los demonios son entidades de naturaleza espiritual que tampoco escapan a la Voluntad de Dios. De hecho son en realidad instrumentos de precisión para que la Voluntad de Dios se lleve a cabo a la perfección.

Cada demonio obedece a un propósito en particular que sólo es conocido por Dios y nadie más, aun cuando Dios mismo nos ha permitido conocer 7 grupos principales de objetivos llamados defectos de carácter o también conocidos como los pecados capitales. La soberbia o el orgullo, la ira, la envidia, la lujuria, la avaricia, la gula y la pereza, son poderosísimos ataques que los demonios emprenderán en contra de nosotros para vencernos, arrebatarnos la serenidad y alejarnos de Dios, incluso para siempre si no luchamos.

El combate espiritual.

Podemos darnos cuenta de la debilidad, cuando ideas y pensamientos sobre dinero, poder, prestigio o sexo, se alejan de la necesidad natural y humilde, para convertirse en motivaciones que comienzan a hacernos sufrir para llevarnos a la ansiedad y a la angustia. También podemos darnos cuenta de un tormentoso ataque por parte de demonios cuando nuestras ideas, pensamientos y comportamientos queden atrapados en una, varias o todas las características de los defectos de carácter. Una vez detectada la debilidad o el ataque debemos emprender inmediatamente el combate espiritual, pidiendo humildemente ayuda a Nuestro Dios Todopoderoso que las ideas y pensamientos negativos que tenemos nos los quite, ya que no queremos llegar al hecho que nos haga caer en un lamentable error, es en este momento que debemos hacer uso del arma más poderosa que existe  y que Dios nos ha otorgado para hacerle frente a nuestros enemigos espirituales: la oración. La oración se lleva a cabo cuando con total honestidad y humildad nos dirigimos a Nuestro Amado Padre Dios y ya sea mental o verbalmente hablamos con Él acerca de todo lo que nos acontece, tanto para agradecerle como para solicitarle su infinita misericordia y nos perdone todas nuestras torpezas y errores. La mejor oración la realizaremos cuando podamos solicitarle con nuestro corazón en la mano la fortaleza suficiente para aceptar sin reparos Su Voluntad.

Al luchar constantemente para prevenir perturbaciones por la ansiedad, podemos comprender cómo el dinero, el poder, el prestigio o el sexo, dejan de ser motivos para tener deseos personales irracionales. También luchamos valerosamente cuando reconocemos humildemente ante Dios que hemos sido vencido por los demonios, tomando como base los defectos de carácter, renunciando expresamente a continuar con esas ideas, pensamientos o comportamientos.

La estrategia más importante en un combate espiritual, se realiza con el reconocimiento de la Verdad que solamente el espíritu puede permitirnos sentir y vivir. Sólo el espíritu puede diluir significativamente la tiranía de nuestro ego para aceptar realmente nuestros errores, y cuando nos reconocemos débiles en un campo concreto, recibimos la misericordia de Dios y Él nos proporciona la gracia de no cultivar miedos, y nos permite un nuevo futuro con Él con bases más sólidas. Por eso, la vida del legítimo Guerrero de Dios es ir de victoria en victoria. Cada victoria nos prepara para la siguiente, porque es un avance hacia la Luz de Dios; nos acerca más a Dios y permite que nuestra vida sea una vida construida en la vida de Dios.

 

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